PPK, Fujimori y la lógica del poder

VISIÓN GLOBAL

Por Nelson Encarnación

La decisión del presidente peruano, Pedro Pablo Kuczynski, de indultar al exmandatario Alberto Fujimori, tiene muchas lecturas, pero hay dos que sobresalen y son las que en definitiva cuentan para cualquier análisis.

La primera es que el señor PPK actuó desde la lógica del poder, que consiste en mantenerlo al precio que sea. Desde su óptica, el presidente peruano, aunque nunca llegue a admitirlo, tuvo que transarse con una parte del fujimorismo—la menos radical que encabeza el hijo de Fujimori—para que el pasado viernes 22 de diciembre amaneciera destituido de su presidencia.

Los votos que evitaron su defenestración los aportó ese sector con su abstención, razón por la cual desde que se conoció el sentido de la votación, los analistas peruanos apuntaron a que PPK se salvó no por un milagro de la Providencia, sino por un arreglo político de aposento.

Falta determinar si los asesores del jefe de Estado le presentaron el reclamo de los fujimoristas como un arreglo o como un chantaje, pero en definitiva fuera una cosa o la otra—o ambas—, el resultado para él seguirá siendo que su palabra no vale un sol, pues en campaña y luego de asumir aseguró a su país que jamás firmaría el indulto al encarcelado ex presidente, quien cumplía 25 años de prisión por diversos delitos, entre ellos genocidio.

La otra lectura se desprende de la misma situación que vivió el mandatario peruano en el Congreso, cuando la oposición planteó la destitución por supuesta "incapacidad moral permanente", una de esas cosas que figuran en algunas constituciones latinoamericanas y que sirven para el chantaje político. Me refiero a la falta de base legislativa.

Debido a la dramática erosión de las fuerzas políticas peruanas, el actual presidente no tiene base de apoyo congresional, ya que es uno de los tantos dirigentes que se inventan un partido para unas elecciones, de las cuales sale un Parlamento terriblemente fraccionado.

De haber contado con una fuerte base de apoyo en el Congreso, es seguro que PPK no habría sucumbido al chantaje fujimorista y su palabra estaría hoy asegurada. Pero pocos en Perú creen en su presidente después del indulto.

Esta lectura fortalece la determinación de los partidos de contar con una sólida base legislativa a través de la cual puedan enfrentar las aventuras de quienes no habiendo ganado los comicios, quieren ingresar al Gobierno mediante los llamados "golpes suaves", una de cuyas manifestaciones recientes fue Brasil con la destitución de la presidenta Dilma Rousseff.

Y por supuesto, deja claro que en el Perú el fujimorismo es la única fuerza política real, aunque se le haga difícil ganar. Al menos, hasta hoy.

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